El valor del Fracaso en los Negocios

El valor del Fracaso en los Negocios

En un reciente artículo, Pascal Finette, parte del equipo directivo de Singularity University, cuestiona el rol del fracaso en los negocios.

Señala que en el camino de aceptar el fracaso como parte del proceso creativo y el aprendizaje, hemos perdido el norte, llegando incluso en algunos casos a venerar el fracaso por sí mismo. Así, sostiene Finette, hemos construido una serie de historias, conferencias y otro tipo de actividades alrededor del fracaso. Él cree que hemos desviado la ruta y atribuye gran parte de la responsabilidad a los estereotipos de Silicon Valley. Por ejemplo, el lema de Facebook ha sido “Muévete rápido y rompe cosas” [move fast and break things]. Pero, ¿nos hemos convertido realmente en una sociedad que no sólo acepta el fracaso, sino que lo asume como un destino deseable en lugar de un camino?.

Es importante destacar que esta especie de veneración al fracaso, parece ocurrir sobre todo en la cultura de Estados Unidos, que siempre ha demostrado una alta tolerancia a intentar, fallar e intentar de nuevo. Esto puede deberse, señala Finette, a la historia misma de la nación, a la que migraron familias aventureras provenientes de Europa y convencidas de empezar de nuevo, superando toda clase de adversidades (enfermedades, difíciles condiciones climáticas, etc).

En Latinoamérica, sin embargo, el fracaso es castigado. Esto también ocurre en otras partes del mundo, como Europa y Asia. Si bien es importante asumir que el fracaso es parte del camino, es importante saber también que nuestros esfuerzos deben estar dirigidos a minimizarlo. Lograr el éxito resulta crítico para el autoestima y el autoconcepto, y el fracaso puede de hecho convertirse en un gran factor de estrés para las personas.

Si bien el éxito es muy deseable, es igualmente difícil de alcanzar. Finette señala que por cada situación: “hay una docena de formas de resolver un problema, y un millón de maneras de fallar”. Aún cuando no avanzamos mucho al descubrir una sola manera equivocada de hacer las cosas, al menos dejamos esa alternativa fuera de nuestras posibilidades y podemos avanzar: nuestro cerebro parece estar preparado para recordar mejor los fracasos que los éxitos, y estará listo para hacernos recordar nuestras experiencias pasadas, como aprendizaje, en una nueva decisión.

Sin embargo, es importante destacar que cada situación es nueva. Por tanto debemos tener cuidado con los sesgos y prejuicios del pasado. De hecho, los éxitos y los fracasos son profundamente contextuales: están aparejados a circunstancias personales, temporales, espaciales y una variedad de factores. Por lo tanto, sería inútil sacar conclusiones definitivas alrededor de una experiencia de fracaso. Es más, en el caso de los start-ups por ejemplo, el timing ha demostrado ser el factor de éxito más importante. Un estudio de Bill Gross demostró que “el timing explica el 42% de la diferencia entre éxito y fracaso” (más detalles en esta Ted Talk).

¿Qué hacer entonces? Lo importante es aplicar rigor en el análisis, dice Finette. De modo de identificar y reconocer patrones ad-hoc a las diferentes situaciones. El consejo es que hagas en tu organización experimentos pequeños y bien diseñados con una clara hipótesis como respaldo. Esto te permitirá maximizar el aprendizaje de los fracasos y usarlos permanentemente a tu favor.